Arxivar per Abril de 2010

Tren de Cercanías para Benicàssim

Benicàssim se convertirá en un municipio con servicio de Cercanías. Nuestra estación será adaptada a tal efecto cumpliendo un objetivo estratégico que nos propusimos como ciudad. Ha hecho falta que un ministro interpretara adecuadamente nuestras aspiraciones y nuestros argumentos. Lo dijimos hace tiempo. Lo defendimos siempre como una opción preferente para avanzar en una nueva movilidad sostenible en el área metropolitana. Lo expresamos en el 2003, cuando fuimos preguntados por las opciones de la famosa y controvertida variante de la N-340. Nuestra posición, a modo de hoja de ruta, quedó fijada en aquel momento y hoy reverdece fuerte, vigorosa y reconocida por el Gobierno de España.

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Realidad y respeto vs propaganda

Hace unos días destacábamos que Castellón recepcionaba una gran noticia. Tan necesaria como merecida. La llegada del tren de alta velocidad será una realidad. Los socialistas nos sentimos reconocidos en ese compromiso y, junto a los ciudadanos, identificados con el logro. La noticia tiene categoría de trascendente porque todos los tramos de ese proyecto de progreso han sido licitados. El Gobierno de España se ha comprometido con mil millones de euros. La mayor inversión jamás conocida en la provincia. El valor añadido es que la decisión se toma y se torna firme en periodo de recortes y restricciones generales. Tampoco olvidemos que el ejecutivo socialista prepara otro acuerdo histórico para mejorar el sistema ferroviario de cercanías en nuestro territorio. Un paquete de medidas complementarias y alentadoras que será conocido en breve.

Todo esto, ahora. Cuando más arrecia el temporal de la crisis creo sinceramente que conviene valorar en su justa medida el alcance de este compromiso con Castellón.

Mejorar la movilidad, abrir nuevas dinámicas, acercar personas, territorios y mercados, barrer distancias, abatir fronteras… son piezas esenciales de una nueva estrategia para reinventar el futuro en esta provincia. Proyectos clave para recobrar confianza y sumar nuevas oportunidades. Especialmente, en un mundo agresivamente competitivo y globalizado.

Hablando de globalización, el sector industrial con mayor vocación exportadora, el azulejo, ha vivido una semana singular. Los socialistas de Castellón celebramos la decisión gubernamental de aportar cuatro millones de euros hasta el 2013 para abordar las peticiones sociales del sector. Sindicatos y empresarios habían significado la importancia de garantizar el futuro de aquellos trabajadores con dificultades laborales. El Gobierno de España ha movido ficha a través del Ministerio de Trabajo. Asimismo, el Ministerio de Industria volvió a dar la cara por Castellón atendiendo al sector y asumiendo la tarea colectiva de sumar esfuerzos para garantizar el futuro. Los socialistas de Castellón queremos significar los más de 40 millones de euros dedicados en los ejercicios 2009 y 2010. Una realidad que pueden contrastar la relación de empresas destinatarias de las ayudas. Empresas que saben de dónde les han llegado los recursos. ¿Nos conformamos? En absoluto. Conviene hacer más todavía. De ahí que en esta actitud de compromiso con los trabajadores y empresas de Castellón, querríamos que la Generalitat Valenciana se implicara más. Que sumara, que arriesgara. Que estuviese a la altura de sus competencias legales y estatutarias. Precisamente en materia de políticas activas de empleo, industria, innovación, etc. El movimiento se demuestra andando. Con hechos, sin mentiras, sin trampas, sin victimismos forzados y artificiosos. Distingamos como sociedad avanzada la propaganda de la realidad. Por respeto a los ciudadanos de esta provincia. Pongamos un ejemplo ligado al tren de alta velocidad. Un ejemplo que ilustra el signo de este tiempo que nos toca vivir. Comparemos. El Gobierno de España destina mil millones de euros en obra real, infraestructura material, tecnología punta, etc. para que el AVE llegue a la estación de Castellón. Una estación, por cierto, que fue diseñada hace cuatro días por el gobierno del PP sin previsión ninguna para la entrada de esta modalidad ferroviaria. Ahora, la Generalitat, desfondada por tantas terras míticas ruinosas, promete un millón para publicitar que llega el AVE. Una obra en la que no ponen un céntimo. ¿Capaces de intentar convencer a la opinión pública de que ha sido obra de Camps? Un millón para propaganda.

El gobierno socialista, mil millones para realidades que mejoran la vida de las personas. Juzguen ustedes.

Mil millones para Castellón

Toda una lección de modales. Una exhibición de comportamiento democrático en una tierra que desterró el diálogo hace ya demasiados años. Sin duda, el ministro de Fomento del Gobierno de España y vicesecretario general del PSOE ha protagonizado recientemente una visita histórica a la ciudad de Castellón. Sobre el contenido de las negociaciones relativas a las soluciones viarias, tiempo tendremos de examinar el desenlace final. De entrada, todos pudimos constatar que, ciertamente, iba en serio.

Por primera vez en casi 40 años de autopista, un alto responsable del Gobierno ha abierto la puerta del rescate de la misma en nuestro territorio. No era un farol, sino la gran propuesta. El Ayuntamiento de Castellón ha vuelto a pedir tiempo. En fin… aguardaremos dos meses con renovada paciencia y, esperemos, sentido compartido de la responsabilidad y custodia nítida de los intereses de la sufrida ciudadanía.

Pero la noticia más importante de todas cuantas podíamos imaginar se produjo el pasado jueves en la propia estación de Castellón. Allí, en el mismo espacio físico que el PP nunca pensó para la entrada del AVE, el ministro Blanco anunció la mayor inversión de la historia para la provincia de Castellón.

Mil millones de euros para que la alta velocidad, esta vez sí, llegue a Castellón. Nunca antes ningún Gobierno apostó tanto por nosotros. Nunca. Jamás. Esta inversión, solo esta inversión (sin contar lo ejecutado o previsto en carreteras, ayudas a empresas azulejeras, desaladoras, cuarteles, etc) desmonta y quiebra en mil pedazos la burda estrategia sobre un Gobierno socialista que no atiende a Castellón.

El anuncio del AVE, con todos sus tramos de obra licitados, se convierte en la noticia del año o tal vez del siglo. Es así en términos de inversión pública. Una obra para todos. Una apuesta estratégica por la tecnología y la movilidad ferroviaria. Un impulso decisivo para sectores como el turístico. Recortar sustancialmente las distancias con mercados emisores potenciales constituye un revulsivo determinante para mejorar nuestra competitividad. Competir en un mundo global abierto resulta menos difícil si abatimos las barreras que han significado el déficit de infraestructuras de comunicación. El AVE equivale a mayores prestaciones para el turismo y los ciudadanos de esta provincia. Podremos viajar a Madrid en menos de tres horas a partir del año próximo. Las obras finalizarán en el 2014. Entonces los tiempos podrán recortarse todavía más. Recordemos que las obras comenzarán este mismo año.

La potencia de la inversión no solo cabe calcularla en los 20.000 puestos de trabajo que generará, sino en las oportunidades que se abren para un territorio que se ensambla a las redes de la alta velocidad. Castellón cuenta para el Gobierno central y nosotros, los socialistas de Castellón, vemos compensados nuestros esfuerzos de reivindicación. Castellón y su ciudadanía lo han conseguido. Lo hemos logrado con responsabilidad y sentido institucional de gobierno. Evidentemente seguiremos pidiendo más cosas en defensa de nuestra provincia. Lo haremos conscientes de que, en estos momentos, solo podemos esperar realidades del Gobierno de España. De otros, fantasías, ficciones e incumplimientos picarescos y desleales de convenios firmados con los ayuntamientos. Esa es nuestra Generalitat Valenciana, arruinada, entretenida en sus casos de corrupción, Orange Market, Gürtel y ese fraude fiscal que tanto ha detraído de las arcas públicas de todos los españoles. Castellón cambiará a ritmo de la alta velocidad pero sin olvidar que, en breve, este mismo Ministerio va a suscribir un convenio histórico para mejorar las redes de Cercanías. Otro aspecto central para entender la apuesta por las personas que mantienen los socialistas.

Digan lo que digan, todo esto es tan nuevo para Castellón que, sinceramente, resulta gratificante. Lo viejo sigue ahí, cual aguafiestas aceptando a regañadientes tanto progreso. El PP sigue sin entender nada. Ayer, sin ir más lejos, ya surgían sus portavoces tratando de afear la noticia que ellos jamás quisieron, pudieron ni supieron contarle a Castellón.

Los camiones de la vergüenza

No están a la altura. Ni de la legislación aprobada en les Corts, ni de los parámetros europeos, ni de sus propios compromisos ni, sobre todo, de los ciudadanos. La ineficacia de la Generalitat y la Diputación en la gestión de los residuos alcanza cotas de gravedad que no nos merecemos. Cualquier día, los municipios alicantinos que hoy reciben nuestras basuras se plantarán. Las reciben clandestinamente. Las reciben porque, incumpliéndolo todo, en esta provincia de Castellón no se han hecho los deberes. Ni han invertido recursos ni han tramitado con diligencia y responsabilidad la burocracia necesaria para disponer de las autorizaciones imprescindibles en un estado de derecho. La incertidumbre y el cambalache se adueñaron del panorama durante años. Es el triste balance que presenta un equipo político agotado de incumplir y de buscar culpables en todas partes menos donde toca: en su casa, en sus competencias propias, en su responsabilidad indelegable. Aquí no cuela inventar enemigos foráneos, ni mentar a Zapatero, ni a los catalanes, ni… En 1997 aprobaron un Plan Integral de Residuos y contaron con las mayorías absolutas para ejercer sus obligaciones sin traba ninguna. Es más, incluso contaron hasta con la voluntad de consenso de los socialistas que, dicho sea de paso, han albergado en sus términos municipales la mayoría de las plantas y vertederos hasta el momento. Una voluntad soportada con una dosis infinita de paciencia y responsabilidad.

Nuestro deseo es que la crónica de esta historia finalizara en un desenlace distinto al rumbo que siguen tomando los acontecimientos. La quietud y la nulidad en la gestión continúan dictando el curso de las cosas. Esta es una realidad que tiene poco de inocente. La ineficacia resulta cara. Carísima. Lo saben y padecen todos aquellos pueblos que sufren el incremento de sus tasas de basura porque, ahora, el coste añadido del transporte a centenares de kilómetros, lo paga la gente. Es decir, su morosidad la paga la gente. Su desidia repercute en los bolsillos de las familias.

Si hubiesen realizado todas las infraestructuras contempladas en los planes oficiales y desplegado todos los instrumentos de gestión fijados en la ley, las cosas serían bien distintas. Lamentablemente, el tiempo les ha atrapado y pagamos los platos rotos. Los camiones de basura de la provincia de Castellón cruzan con nocturnidad de norte a sur buscando cobijo en otras tierras, pagando sobrecostes intolerables. Ese es el saldo que nos queda tras 15 años de gobierno conservador. La Generalitat ha ignorado nuestros intereses y nuestros derechos. En este tiempo, no han faltado anuncios tan espectaculares como ficticios. Véase el caso de Mundo Ilusión o todos los campos de golf que iban a brotar por toda la provincia, etc. Pero la verdad es que, en lo fundamental, en lo básico, en aquello que los gobiernos no pueden ni deben fallar, el vacío resulta desolador.

Hemos vivido un tiempo de codicia desmedida y de excesos indecentes. Esta Comunidad no se gobierna desde un Ferrari. Mucho menos Castellón. Camps se gastó más un fin de semana en la ciudad de Valencia acondicionando el circuito de la Fórmula 1 que todas sus consellerías durante todo el año en toda la provincia de Castellón. Con esa hoja de servicio, poco podemos esperar.

Cualquier día de estos los camiones de basura no podrán salir de la provincia porque ya no se soportará más esta situación vergonzante. En el último pleno de la Diputación, los socialistas le preguntamos al PP si tiene pensada alguna estrategia alternativa en medio de su naufragio. Para variar, se hizo el silencio. La nada. Como en la historia interminable, la nada avanzaba inmisericorde acabando con todo, con la esperanza, con el futuro… Aquí la nada cruje la seriedad institucional de un poder desprovisto de reflejos y de iniciativas. Un poder ciertamente agotado que reclama a gritos un cambio. La crisis de las basuras es uno de los ejemplos más evidentes de la responsabilidad extraviada, de la ineficacia de la gestión de lo básico. La prueba del algodón del final de un ciclo. 15 años perdidos.